13 abril, 2010

los-mitos-de-la-madrastra-bruja :)

Me ha gustado el tema y he seguido googleando y he encontrado esta otra pagina interesante, chequeenla:
http://www.familias21online.com/index.php/articulos/38-interes-general/79-los-mitos-de-la-madrastra-bruja-

Dra. Dora Davison

Introducción

En toda familia ensamblada hay un padrastro o una madrastra o ambos. Esta definición por demás sencilla, desencadena toda una concatenación de prejuicios y sensaciones de desagrado, no carentes de incidencia en la vida familiar y personal de quienes las conforman.
Si bien, en nuestro país existe el reconocimiento legal del parentesco producto de las uniones de hecho, el enfoque jurídico de la familia ensamblada requiere la celebración del matrimonio civil de la pareja que funda la nueva familia, para que los hijos, que cada uno de ellos tuviera de una unión precedente, estén legalmente reconocidos como parientes del cónyuge de su progenitor. Sin embargo, aún cuando la relación de parentesco entre un cónyuge y los hijos del otro nace con el matrimonio, las familias ensambladas constituidas tanto a partir de parejas legalmente casadas, como unidas de hecho, se hallan sometidas a las mismas tensiones y desafíos.
Lo que distingue a la familia ensamblada es la presencia de hijos desde el comienzo mismo de la relación de la pareja. Es una configuración familiar no tradicional que cada vez tiene mayor difusión en nuestra sociedad y en el mundo occidental. De seguir la tendencia se espera que en algunos países, como por ejemplo en USA, en el 2010 superen ampliamente el número de familias nucleares. En nuestro país no contamos con estadísticas, pero ... ¿quién no tiene entre sus familiares y amigos una familia ensamblada?, ¿cuántos de nosotros no formamos parte de una familia ensamblada de modo directo o en calidad de miembros extensos?
Las primeras investigaciones sobre familias ensambladas, allá por década del 70 en USA, fueron estudios comparativos con la familia nuclear. Las conclusiones a que arribaron mostraban a las familias ensambladas con falencias y a los chicos criados en esas familias como niños en riesgo. Pero, a medida que su número fue en aumento y los métodos de investigación se tornaron más sofisticados, los investigadores abandonaron ese punto de vista y pusieron el foco en sus diferencias estructurales. Puede leerse en Hetherington y Anderson (1987): “En años recientes, los investigadores han comenzado a alejarse del punto de vista de que las familias con un solo progenitor y las familias con hijastros, son atípicas o patógenas”.
Hallaron que las familias ensambladas que lograban la integración de sus miembros y alcanzaban la estabilidad, lo hacían mediante pautas de convivencia propias y diferentes a las de la familia nuclear. Estas reglas diferentes eran acordes a sus diferencias estructurales. Resultó obvio, entonces, que así como “nadie puede jugar al ajedrez con las reglas del juego de damas”, las familias ensambladas tampoco pueden funcionar adecuadamente cuando utilizan las reglas de convivencia de la familias nucleares. Este descubrimiento dio origen a modelos de abordaje, que incluían de forma ineludible, la información sobre sus características y sus modos más adecuados de funcionamiento.
También en la década de los 80, se incluyó al divorcio y al recasamiento como etapas adicionales del Ciclo de Vida Familiar. A partir de estos datos, empezó a cobrar importancia el modo en que se había producido la ruptura conyugal del matrimonio anterior, para la viabilidad de la familia ensamblada. Es decir, cuando el divorcio que la precede conserva intacta la relación de los ex - cónyuges como padres, la nueva familia tiene mayores probabilidades de éxito.
A pesar del tiempo transcurrido desde entonces, aún hoy, la mayoría de las personas que se vuelven a casar, desconocen las diferencias dinámicas y estructurales de su nueva familia e intentan emular a la familia nuclear. El alto número de divorcios de los segundos matrimonios se debe en gran parte a este desconocimiento. De igual modo, ello puede relacionarse con el origen de muchos desajustes familiares, conducentes a la aparición de síntomas en sus miembros más vulnerables: los niños y adolescentes que las componen.
Las investigaciones sobre las familias ensambladas provienen fundamentalmente del campo de la psicología,la sociología, la antropología y la socio-demografía. Mucho ha sido el aporte de estas disciplinas, sin embargo, son muy pocos los conocimientos que se aplican en la vida cotidiana de las familias ensambladas. Mientras, aún persisten los mitos que entorpecen su integración.
La información sobre su estructura, pautas de convivencia, mitos, etc., es un aspecto crucial del abordaje de la familia ensamblada, cualquiera sea el ámbito en que se genere la consulta.
Pero hay más aún, la mayoría de estas familias adolecen de baja autoestima como consecuencia de ideas y valores sociales profundamente arraigados, que señalan a la familia nuclear como “la norma” y a cualquier otra forma de organización familiar, como “una desviación” de la misma. En nuestro país, a pesar de que existe un número sensiblemente alto de familias ensambladas, tampoco escapan a los efectos de este modo colectivo de pensar y sentir, y en general gozan de menor valoración social que las familias tradicionales. Si bien, en los últimos año asistimos a un creciente interés por las familias ensambladas, lo cierto es que los sistemas educativo, de salud y religioso, están escasamente preparados para ofrecerles una guía y apoyo.
No es de extrañar, entonces, que un número significativo de familias ensambladas se vean afectadas por el sentimiento de no ser “una verdadera familia”. Si nos detenemos a pensar, éste no es un tema menor, desde el momento que tal vivencia acompaña el desarrollo evolutivo de los niños y adolescentes que las componen y el desempeño de los adultos a cargo.
El Mito de la “Madrastra Bruja” y del “Padrastro cruel”
En la familia ensamblada hay más vínculos y personas involucradas, y en este entramado de relaciones y connotaciones, hay dos figuras que se destacan de modo negativo en el imaginario colectivo: “el padrastro” y “la madrastra”.
En el ámbito del Derecho de Familia, para referirse a los lazos de parentesco que se derivan del vínculo que une a cada uno de los cónyuges con los parientes consanguíneos del otro, se habla de “parientes afines”. Nuestro Código Civil reconoce al padre afín(padrastro), a la madre afín (madrastra) y a los hijos afines(hijastros) como “parientes afines” en primer grado. Estas denominaciones tienen la ventaja de eludir la carga emocional negativa que conllevan los términos mencionados en primera instancia, pero hasta el presente, tropiezan con el inconveniente de ser poco conocidos para el común de las personas.
“Padrastro”y “madrastra”, son palabras que guardan una connotación maléfica y las personas evitan usarlas, pero tanto estos términos, como los poco divulgados de “madre o padre afín” son las únicas palabras en idioma español que aluden en forma directa al vínculo entre el esposo de la madre y el hijo/a de ésta, o la esposa del padre y el hijo/a de éste respectivamente. Son los únicos, que permiten usar el adjetivo posesivo “mi”: “mi madrastra”, mi “madre afín, “mi padrastro”, mi “padre afín, “mis hijastros”, “mis hijos afines”. Ésta última será la nominación que usaremos en el presente artículo.
Por lo general, los chicos nombran estos miembros mediatizándolos a través de un tercero: “la esposa de mi papá” o “el esposo de mi mamá”. Una encuesta realizada por la Fundación Familias Siglo XXI en 1999, reveló que la mayoría de los de los niños desconocía tener algún lazo de parentesco con la esposa del padre o el esposo de la madre: se les preguntó a chicos entre 8 y 11 años de edad - hijos de padres divorciados -, si su mamá o su papá se habían vuelto a casar. A los que respondían: “Sí”, se les le preguntaba si tenían “madrastra” o “padrastro”, entonces contestaban: “No”.
Tal desconocimiento no es privativo de los chicos: en nuestra experiencia podemos afirmar que la mayoría de los adultos que se vuelven a casar ignoran nuestras normas jurídicas referentes al segundo o ulteriores matrimonios.
En idioma inglés se usan los términos “stepmother”, “stepfather”, “stepchild”, “stepdaughter” que permiten la expresión: “my stepmother”, “my stepfathtrer”… La raíz “step”, a la vez que significa “paso”, “escalón”, proviene, del vocablo “steop” del inglés antiguo y que significaba: “desamparado, huérfano”. La palabra “stepfamilies”, con qué se designa a las familias ensambladas, tiene la misma raíz, pero su significado es imposible de traducir al castellano. “Step” en su doble acepción alude a la integración de las familias ensambladas, proceso, en el cual las relaciones se construyen lentamente, “step by step”: “paso a paso”.
Los seres humanos construimos la realidad en el lenguaje, en las conversaciones que mantenemos los unos con los otros, de modo que la ausencia de un nombre propio socialmente aceptado, influye negativamente en el desarrollo de la identidad personal. Además, en lo que se refiere a la familia, la forma de nominar a una persona, la sitúa dentro o fuera de la misma.
En 1976, Roosvelt y Lofas, describieron “7 Pasos para convertirse en una Madrastra Bruja”:
1° Paso: La madrastra intenta eludir el mito, cuidando amorosamente y con esmero a su hijastro.
2° Paso: El niño – leal a su madre – le responde con frialdad y distancia.
3° Paso: La madrastra se esfuerza... ¡Trata!, ¡trata! y ...¡trata! de agradar a su hijastro, hasta que finalmente frustrada, se resigna y ahora, ella se distancia enojada.
4° Paso: El niño confirma su primera afirmación negativa: “¡Es una bruja, siempre lo dije!”.
5° Paso: La madrastra humana al fin..., contraataca. Se crea una situación que obliga al padre a intervenir; si movido por la culpa toma partido por su hijo, la familia estará en problemas.
6° Paso: La madrastra se esfuerza por ganar al padre para su lado, y por lo general lo consigue. El chico se aleja cada vez más.
7° Paso: Se ha preparado la escena: tarde o temprano, la “Madrastra Bruja” hace su aparición y el mito se perpetúa.
Muchas mujeres con hijastros, niegan calurosamente su condición de madrastras, como sí ello implicara una nefasta relación con los hijos de su cónyuge. Pero, no debemos asombrarnos, la sociedad en su conjunto contribuye a su modo de sentir.
Desde la sociedad se les envía a las madres y padres afines un mensaje ambiguo: por un lado se espera de ellos, que traten a sus hijos afines como si fueran propios y por otro, se espera que les inflijan alguna forma de daño o perjuicio. Es indudable, que independientemente de sus orígenes, los mitos de la “Madrastra Bruja” y del “Padrastro cruel”, están sostenidos por todo el andamiaje social. Tales mitos no se compadecen con la “Era del Saber” que hemos empezado a transitar en nuestros tiempos. Ocurre, que aún la fuerte adhesión al modelo de familia nuclear como ideal normativo, impide la aceptación social de la diversidad familiar. En todo caso ..., hay buenos y malos padres y madres afines, como hay buenos y malos padres y madres.
Los chicos toleran el noviazgo del papá o de la mamá, pero luego del rematrimonio, suelen cambiar de actitud. Muchas madres afines comentan azoradas: “La hija de mi marido me adoraba, se llevaba muy bien conmigo hasta que nos casamos. Ahora, no me puede ver”, tal cómo si se tratara de un encono personal; ignoran que este cambio en la relación tiene raíces que trascienden sus características personales: es resultado del lugar que ocupa en la estructura familiar, al lado del padre y antes ocupado por su madre.
Las madres afines, por lo general, lo pasan peor que los padres afines, debido a que la sociedad espera que sean más nutrientes y cariñosas que los hombres. Como las mujeres, reciben una educación más centrada en el cuidado de los niños y de los vínculos familiares que los varones, también son más exigidas a que “todo marche bien” desde un comienzo en la nueva familia. La creencia popular que asegura: “todas las mujeres nacen madres”, las hace más vulnerables, especialmente cuando no tienen hijos propios. La idea de que ciertas cualidades - tales como la habilidad para cuidar a los niños - son atributos propios de la naturaleza femenina, está tan aferrada a nuestras creencias, que para algunas mujeres sin hijos su rol de madre afín, es una oportunidad para probarse a sí mismas “como mujeres”.
Las madres afines enfrentan desafíos cotidianos para los que no están preparadas. Obviamente, ninguna mujer aprende desde pequeña a cumplir ese rol, ninguna niña cuando juega con sus muñecas lo hace soñando que algún día tendrá hijos afines. Tampoco su esposo, ni quienes la rodean, saben a ciencia cierta cual es su función. Sin embargo, todos esperan que sepa conducirse, como si la parentalidad fuera una habilidad innata o como si ejercerla en una familia ensamblada, fuera lo mismo que en una familia tradicional.
A menudo, las madres afines impulsadas por expectativas irreales y por el mito del “amor instantáneo”, sienten el rechazo de sus hijos afines como un fracaso personal. Otras veces, impulsadas por nobles sentimientos, creen que deben reparar el daño ocasionado a la familia por el divorcio o por la muerte del otro progenitor. Especialmente, si la vida matrimonial anterior fue penosa o en el presente, el otro progenitor se desentiende de sus hijos, asumen como un deber la responsabilidad de hacer feliz a la nueva familia.
Otro factor de estrés que se agrega al rol de la madre afín, es la evaluación de su desempeño que hacen, no sólo los chicos, sino también el esposo, otros familiares y hasta los amigos. No faltan aquellas oportunidades en que frente al rechazo de los chicos, el esposo y familiares la responsabilicen diciendo “sí fuera un poco más cariñosa ...., si les tuviera más paciencia ..., ellos la querrían”.
Cuando las cosas en las que nos involucramos afectivamente no salen como esperábamos, solemos pensar: “algo malo hay en mí” o bien, “algo malo hay en el otro”. Ideas similares desvelan a las madres afines que se esfuerzan inútilmente en ser “una buena madre” para sus hijos afines. La paradoja radica en que una madre afín jamás podrá ser una buena “madre” de los hijos de su marido. De ningún modo los padres y madres afines son “madres o padres sustitutos”, no importa cuán difícil sea la relación de los chicos con su madre o padre biológico. Tampoco importa, cuán maravillosa sea “ella” o “él”. Los chicos, antes de amarlos, deberán superar fuertes sentimientos de “deslealtad” hacia su progenitor. Hace falta mucha prudencia, tacto y comprensión, cuando se trata de los sentimientos filiales. Las madres afines, que no los toman en cuenta – aún cuando estén en lo cierto respecto a las aptitudes del progenitor del mismo sexo - verán destruirse la posibilidad de crear un vínculo de afecto y cordialidad con sus hijastros.
Cuando se es madre o padre afín, por haberse casado con una persona viuda con hijos, contrariamente a lo que supone comúnmente la gente, su posición en la familia es más complicada. Sucede que, por lo general, todos tendemos a idealizar el recuerdo de los seres queridos que fallecieron. Luego de la muerte de un progenitor los chicos y probablemente otros miembros de la familia, como abuelos o parientes cercanos, idealicen su recuerdo. La persona fallecida se convierte para la historia familiar, en una especie de fantasma impregnado de virtudes, como ocurre en “Rebeca, una mujer inolvidable” la novela de Daphane Du Mauriec. En la comparación con ese recuerdo, inexorablemente el nuevo integrante perderá sus mejores atributos. De ahí, la necesidad, para que los chicos acepten al nuevo miembro, de aclararles que no se pretende ocupar el lugar de la mamá o del papá fallecido. Actuar con suma prudencia hasta tanto sean valorados por si mismos, parece ser la regla.
Para Cherri Burns - autora de Stepmotherhood*** - ser madrastra “es un arte, una técnica de supervivencia y un acto de generosidad”.
Madres y padres afines, deben saber que no les cabe las mismas responsabilidades que a los padres biológicos en el cuidado y la educación de los chicos; su rol como apoyo y sostén emocional en la crianza es, sin duda, definido e importante por sí mismo. Tampoco deberán culparse por no querer inmediatamente “a los hijos del hombre que aman”, ni esforzarse en sentirlos como si fueran sus propios hijos, nada de esto es realmente posible. En definitiva, nada que no sea acorde a la realidad estructural de la familia ensamblada, es posible. En cambio, es importante desarrollar desde el comienzo relaciones cordiales y respetuosas.
Así como, a los niños se les debe dar el tiempo necesario, para que surjan en ellos sentimientos positivos, también las madres afines necesitan tiempo para establecer un vínculo de afecto con ellos. Hemos visto madres afines con un bajo concepto de sí mismas por no querer a sus hijos afines. En un grupo para parejas ensambladas se les pidió a los integrantes que cada uno completara la frase: “Yo aprendí ...”. Una madre afín, escribió: “Yo aprendí que no soy mala”, lo interesante es que este aprendizaje le posibilitó una relación mucho más distendida con su hijo afín.
Las buenas relaciones y el cariño, no se instalan “de golpe”, son el resultado de recuerdos de buenos momentos compartidos. Son el corolario de una historia y... ¡construir una historia lleva tiempo!.
Para algunos autores, los intentos de algunas madres afines de ocupar el lugar de la madre biológica, están más relacionados con el deseo de formar su propia familia nuclear - por la valoración social que lleva implícita - que por un real deseo de alejar a los chicos de su madre.
Luego de las primeras etapas de la vida familiar ensamblada, las madres afines pasan de la sensación: “algo debe andar mal en mí”, a otra etapa en la que pueden poner nombres a sus sentimientos: “me siento celosa porque realmente me excluyen”. Dejan de pensar: “es mi culpa” para decir: “esto no me gusta”. Las madres y padres afines son “agentes de cambio”, son el eje alrededor del cual se reestructura la familia. Cuando perciben claramente aquello que les disgusta y expresan sin temor, los cambios que debieran ocurrir para sentirse más cómodos, todos tienen la oportunidad de hacer los ajustes necesarios para que la nueva unidad familiar funcione adecuadamente.
Por lo general, previo a alcanzar la estabilidad, las familias ensambladas pasan por un período de arduas discusiones que preludian la posición más fuerte del padre o madre afín. Las parejas superan esta etapa, comprendiendo la necesidad de trabajar juntos y lograr acuerdos, para conducir a buen puerto su familia. Algunas parejas tardan cuatro años en llegar a este punto. Una vez fortalecidos los vínculos ensamblados, los padres afines asumen el rol disciplinario y los padres biológicos se corren dejando libre el camino para que su pareja pueda gozar de todo lo gratificante que depara la relación con los hijos afines.
Muchos hogares ensamblados están constituidos por una mujer, sus hijos y su nuevo marido: el padre afín. Atributos negativos similares a los que se endilgan a las madres afines, se les asigna a los padres afines: ausencia de amor filial y un peligro potencial para los hijos del primer matrimonio. La palabra “padrastro” deriva del latín “patraster”, despectivo de padre. En sentido figurado, en el Diccionario de la lengua española significa “mal padre” y madrastra “cualquier cosa que incomoda o daña”. En el mismo Diccionario figuran dichos como “madrastra, aún de azúcar, amarga”.
Los padres afines, corren el riesgo de ser mirados por sus hijos afines como “intrusos”, especialmente, si se mudan a la casa donde su esposa vive con los hijos. Cuando no es posible, comenzar la nueva vida familiar en una nueva casa, los padres afines, deben proceder lentamente y con sumo cuidado para hacerse un lugar propio. Ser pacientes es más que una virtud, es crear las condiciones para no fracasar.
Un film del director estadounidense Alan Pakula, “Amores compartidos”, describe con exquisita sensibilidad los sentimientos que embargan a los padres afines. En una escena de la película, Larry bebe solo mientras le habla al perro de su hijo afín:
- Ya sé George, no es mi cuarto ... no es mi casa ... no son mis hijos ... tu no eres mi perro.
¿Qué diablos hago acá?...
Te será difícil entender ... Eres tan monógamo: un patrón, una patrona, una familia.
¡Y, yo un intruso!
Por lo general, los padres afines no tienen tantas fantasías acerca de su rol, como las madres afines. Sus principales dificultades provienen del rol tradicional que juegan los hombres en las familias como proveedores económicos, figuras de autoridad para imponer disciplina y guía de los varones cuando llegan a la adolescencia.
En un artículo anterior hicimos referencia a los problemas financieros que involucran al padre afín, y al que remitimos al lector (El dinero...). Señalamos entonces, que las discusiones en torno a quién paga los gastos de sus hijos afines terminan por destruir su relación con los chicos. Otras veces, quedan atrapados entre los compromisos previos con el otro hogar de sus hijos y sus obligaciones familiares actuales.
El manejo de la disciplina es el otro gran desafío que afrontan los padres afines. Al igual que las madres afines, deben darse tiempo para crear primero un vínculo afectivo con los chicos, antes de asumir el rol disciplinario. Tiempo y prudencia son factores claves, ya que se necesita por lo menos dos años para que se estabilice su posición en la familia ensamblada. Sí se apresuran, o si la madre de los chicos lo considera demasiado severo, ésta puede molestarse y sabotear su autoridad. Entonces, perderá el rumbo, y lo que es peor aún, probablemente más tarde, su esposa le reprochará su falta de colaboración para imponer disciplina en el hogar.
Si el padre afín, su esposa o ambos, creen que él debe partir a socorrerla, cada vez que ella no pueda con la conducta de sus propios hijos, sólo logrará empeorar las cosas. El mejor modo de comenzar a recorrer el camino de la integración familiar, es limitarse a apoyarla en un comienzo, para que ella se vuelva competente. Es bastante improbable que él consiga realmente, como padre afín lo que su esposa no puede conseguir como madre.
Las reglas del hogar ensamblado deben ser discutidas y acordadas por la pareja, en ningún momento el padre o la madre afín deben permanecer apartados de la dinámica familiar. Las investigaciones demuestran que cuando al comienzo de la nueva vida familiar, es el progenitor quien asume el manejo de la disciplina, se desarrollan mejores vínculos entre los miembros ensamblados. En ausencia circunstancial de la madre o del padre biológico, debe ser claro para los chicos, que deben obedecer a su padre o madre afín como si se tratara de su progenitor.
Precisamente, la presencia de chicos, previa al matrimonio, requiere que la pareja converse antes de convivir, todos los temas relacionados con la crianza: cuándo y cuánto él/ella se involucrará en la disciplina, en que condiciones su esposa/o lo apoyará, qué normas de conducta y qué valores son importantes transmitirles a los chicos.
A veces, la posición conflictiva del padre afín se origina cuando la madre alienta la esperanza de que su nuevo marido sea “un verdadero padre para sus hijos”. Esta es una expectativa irreal, porque para los chicos – aún cuando su padre haya fallecido o esté ausente – el padre afín llega a la familia como un “forastero” que se interpone entre ellos y su madre.
Si sus propios hijos no conviven en el hogar ensamblado – hecho por demás frecuente - la culpa por no brindarse a ellos de igual forma en la vida cotidiana, impregna y pone frenos a la relación con sus hijos afines. Si, además sus hijos se preguntan: “¿cómo puede vivir con otros chicos?”, toman distancia afectiva con aquellos y evitan comprometerse con la crianza. En otras, cometen el error de ser muy exigentes con sus hijos afines y muy indulgentes con sus hijos. Los chicos, por lo general, tienen un alto sentido de la justicia y este tipo de actitud perjudica a unos y a otros.
Desde ya, ninguna de estas conductas es una solución. Sólo los padres afines que están disponibles para atender las necesidades afectivas y materiales de sus propios hijos, logran una relación más confortable y afectuosa con sus hijos afines.
Otras veces, hemos visto padres afines que asumen una gran responsabilidad hacia sus hijos afines, pero son muy poco reconocidos o carecen absolutamente de autoridad frente a los chicos. En esos casos, la madre estaba impidiendo que se desarrollara una relación entre sus hijos y su nuevo marido. Se trataba de mujeres que previamente al rematrimonio habían vivido mucho tiempo solas con sus hijos, y sentían que su marido era sólo su pareja, sin ningún tipo de vínculo que lo uniera a los chicos.
Un tema delicado, se hace presente cuando un padre afín se siente atraído físicamente por su hijastra adolescente. Es bueno recordar, que esto también le puede pasar a un padre biológico. Lo importante es que las fantasías eróticas no pasen de ser fantasías. Como el tabú del incesto es menos poderoso que en las familias biológicas, los miembros de las familias ensambladas deben cuidar no estar en ropa interior en la casa y tomar los recaudos necesarios, como para que sus integrantes no resultar dañados. La pareja, tampoco debe excederse en sus demostraciones mutuas de afecto, a fin de no perturbar a los chicos, especialmente cuando hay adolescentes en la casa.
Con el tiempo, cuando la relación entre padres e hijos afines se consolida, aquel se convierte para los chicos en “un extraño que se volvió intimo”.
Las “familias ensambladas exitosas” están satisfechas y contentas; sienten que alcanzar la estabilidad les demandó tiempo y esfuerzo, pero se consideran recompensadas. Sus miembros han aprendido a negociar, a ser tolerantes con las diferencias, flexibles y creativos. Los chicos tienen en el hogar ensamblado un modelo de pareja que se ama y se brinda cuidados mutuos. Para todos ha traído el beneficio que depara una segunda oportunidad.
Dos sugerencias
Para finalizar, me permito hacer dos sugerencias que a mi entender son hechos fundamentales. La primera, es consecuencia de la configuración de la familia ensamblada. En ella convergen temas psicológicos, sociales, jurídicos, educativos, políticas públicas, etc., que no pueden, ni deben soslayarse si de verdad creemos que las familias más allá de la forma que adopten, son las células del tejido social. Resulta entonces, imprescindible que los profesionales que les brindan asistencia legal o psicológica, las asesoren o les suministren algún tipo de ayuda, estén abiertos a la interdisciplina.
La segunda, remite a la tarea que con nosotros mismos debemos emprender, quienes trabajamos con familias ensambladas, esto es, revisar nuestros propios valores y preconceptos acerca de que entendemos por familia, o de lo contrario corremos el riesgo de tener un doble discurso que de una u otra manera influirá negativamente los resultados de nuestra práctica profesional.


* Trabajo publicado por la Revista Derecho de Familia. Editada Por LexisNexis. Abeledo Perrot. N°25. Septiembre 2003. Buenos Aires.
** Roosvelt, Ruth – Lofas Jeannette. Living in step. Stepfamily Foundation of New York City. New York. 1979.
*** Burns Cherry. Stepmotherhood. Harpung Colling. New York. 1986

Ser Madrastra o Padrastro.

La familia es la base del legado emocional de las personas, constituye el cimiento de seguridad y estabilidad nutrido en un ambiente de aceptación y amor que le permitirá al individuo desarrollarse. Las familias combinadas, o reconstruidas, es decir, que inician a partir de segundas nupcias, y por tanto, integran los hijos de cada uno de los progenitores, enfrenta condiciones especiales en relación con el modelo convencional de familia biológica, gran parte se manifiesta de manera negativa y esto no por naturaleza sino por el mal manejo de los acontecimientos. Por ello, es vital que los padres fomenten relaciones saludables entre todas las partes involucradas, teniendo presente ante todo, el bienestar de los niños.
Las familias combinadas se enfrentan a algunos desafíos muy extraordinarios e inquietantes. Aunque muchas de ellas se ajustan finalmente a sus nuevas circunstancias, al principio, por lo menos, es típico que dentro de una familia combinada, uno o más de los niños vean al nuevo padrastro o madrastra como un usurpador. Su lealtad al recuerdo de su padre o madre ausente puede ser intenso, así que para ellos recibir al recién llegado con los brazos abiertos sería un acto de traición. Esto pone al padrastro o madrastra en una situación muy difícil.
Al principio del matrimonio, debemos comprender que para los hijos la aceptación de la pareja es difícil, porque el hijo de su pareja sufre por la separación de sus padres, y guarda la esperanza de un reencuentro. Es posible que también surjan celos, que se sientan desleales ante el padre ausente si quieren a la nueva pareja. Esto no es fácil, mucho menos si tienen una relación sana y cercana con sus padres, para ello es necesario que con el tiempo se vayan vinculando y adaptando.
Es crucial que los nuevos padres demuestren dedicación a sus hijastros y no únicamente a la pareja. Con el fin de lograr mayor bienestar emocional en los hijos, el padrastro o la madrastra deben tener una cordial relación con los padres biológicos, recordando que el papel de la madrastra y del padrastro es el de colaborador.
Cómo lograr establecer una relación cordial
La reacomodación familiar, es un proceso que se debe dar de forma natural y no forzada. Si usted es el nuevo miembro en la familia, debe tener presente que no llegó para sustituir o a excluir al progenitor, vino para enriquecer a la familia con otra figura de amor, autoridad y armonía.
Si usted decide tener una pareja que tiene hijos, debe amarlos así como ama a su pareja. No se permita hablar mal delante de sus hijos de su ex pareja. Esto va a herir a sus hijos, y no ayudará en el proceso de acople.
Su amor es incondicional, independientemente de las conductas, acciones, y personalidades. Es importante comprender que cada hijo es único, especial y diferente. Por eso, permita que vivan su proceso a su propio ritmo.
Los límites son una muestra de amor y seguridad, por lo que deben cumplirse, pero deben ser acompañados de diálogo, consideración, amor y respeto.
Recuerde que la madrastra o el padrastro es un colaborador de su cónyuge, no el nuevo papá. El que se le dé el título de papá, o mamá, es una prerrogativa exclusivamente de los niños, no se puede imponer. Por eso, no lo pretenda.
Si siente que no pueden manejar las dificultades busquen un moderador, una persona neutral que pueda guiarlos. Lo cual es normal en todo proceso de acople.
El criticar o atacar a su pareja no conduce a nada. Cuando no esté de acuerdo con algo háblelo con su pareja en privado y nunca delante de los hijos. Es tiempo de superar la situación, no de culpar o recriminar.
“Recuerde que el amor es como un río: usted puede extraer suficiente agua como para regar una flor por aquí, un árbol por allí, un jardín de aguas abajo, y el río seguirá fluyendo mañana. Usted podrá amar a su esposa, a sus hijos biológicos y a sus hijastros, y le sobrará amor para otros. Su cónyuge puede amar a sus hijos biológicos y a usted y aún tener amor sobrante para los hijos biológicos suyos.

Como ser Madrastra y NO morir en el intento?!?!

Sigo browseando y me he encontrado con este blog muy ameno...
Ser Madrastra y no morir en el intento,
Lo recomiendo!
http://madrastras.blogspot.com/

Hijastra / Madrastra

Tratar de ser Hija de la Pareja de tu Padre o de tu Madre, o tratar de ser Madre los hijos de tu cónyuge, no es una decisión nada fácil, en estos casos intervienen muchos factores, y es necesario, definir estos roles, si es posible antes de que se de el matrimonio formando este tipo de uniones.

Lamentablemente, muchas veces, los matrimonios se dan primero, y las conversaciones, referente al tema, de cómo van a interactuar todos los miembros de la familia, se dan después de casados, y después de que ya hayan comenzado los problemas entre los miembros. Cada uno de los miembros, deben estar bien informados acerca del rol, y la función que cumplen dentro del núcleo familiar, y cada uno debe respetar su espacio, y aprender a aceptar, que cada uno ocupa un lugar en la vida, de la persona, por quienes están indirectamente conectados. Formar estas relaciones, No es fácil, porque en realidad no son familia, y surgen competencias y rivalidades entre ambos grupos, los hijos del cónyuge, y el cónyuge que no es nada de sus hijos, y la competencia para ver a quien quieren mas, quien tiene mas derecho, quien estorba, y quien llego en mala hora.
En el caso de ser hijastra, es fuerte cuando los padres o madres, obligan a sus hijos a aceptar a sus nuevas parejas como si son sus verdaderos padres, aunque estos no los acepten así. Ser hijastra de una mujer o de un hombre, es una situación seria, sobretodo si los verdaderos padres, no saben sobrellevar la situación, para poder estar mas cómodos, se deben equilibrar la intervención, de el otro padre, que es rival de la nueva pareja, porque si no será sumamente difícil para los hijos aceptar esta nueva relación de pareja de sus padres.

Ser hijastra es muy difícil, porque hay factores que afectan:
· Que sus verdaderos padres tengan problemas entre sí, por celos con la nueva pareja,
· Miedo a Que su padre o madre verdadero le dejen de querer por su nueva pareja,
· Que sus padres postizos, le quiten el amor a sus padres, y además lo maltraten a ellos.

Ser madrastra de los hijos de tu pareja, es todo un reto, porque no siempre las verdaderas madres están dispuestas a que sus exparejas, unan a sus hijos con una nueva mujer. Además, el hombre siempre tiene el temor, de que la nueva pareja, no acepte a sus hijos, y por ello el muchas veces pone una barrera que indica directamente, de que sus hijos son mas importantes, y si ella no los acepta no se lo va a soportar. A esto se une, de que los hijos, se sienten desdichados por tener a sus padres separados, y no quieren que nadie ocupe el lugar de sus verdaderos padres, además, de celar al padre que convive con esta nueva pareja, cela el hecho de que esta mujer ocupe el lugar de su madre, quien perdió a su padre, por esta nueva persona, que para mas colmo tiene que aceptar como madrastra.

Ser madrastra también es difícil, porque hay tres aspectos que tiene en su contra:
· Si La Verdadera madre de ese hijo de tu pareja se opone,
· Si su cónyuge acepta como mas importantes sus hijos que su nueva pareja,
· Los hijos de su cónyuge, no quieren a nadie mas que no sea su verdadera mama,
· Los hijos de su cónyuge, quieren ser mas importante para el que ella.
En todo caso, aunque estos dos casos parecen distintos, tienen mucha relación, entre sí, y es que cuando los padres se juntan con nuevas parejas, que no son familia de estos hijos, todos sufren, la nueva pareja, los hijos, los verdaderos padres, y todos los demás involucrados. En este caso, el rol de una mujer que es hijastra o que es madrastra, es tratar de alivianar el dolor por el proceso de adaptación de cada uno de los miembros, y tratar de poner un granito de arena, por intentar convivir en paz.

Si eres hijastra, conversa con tu madre o padre, para que puedan buscar soluciones juntos, donde ninguno sufra ni tu como hija, ni tu madre o padre que esta con esta pareja, ni la nueva pareja, ni tu madre o padre que fue desplazado. Busquen de llegar a acuerdos juntos, y luego plantéenselos a la nueva pareja, para que todos sepan y estén de acuerdo con las soluciones, también, traten de conversar con el padre o madre, que fue desplazado por esta nueva pareja, para que trate de que en la mayor medida de lo posible, eviten en lo absoluto, provocar choques entre los miembros de esta nueva familia que se esta formando.

Si eres Madrastra, conversa con tu pareja, acerca del valor que tu tienes para el, en relación a su antigua pareja, y en relación a ti misma como persona, pero plantéale que no quieres rivalizar con sus hijos, ni competir a quien quiere mas si a sus hijos o a ti, que le aceptaste como pareja, a pesar de que habían hijos de otra persona por el medio, pero que no estas interesada en opacar a sus hijos, pero tampoco de que te opaquen por detrás de sus hijos, sino que cada quien ocupe un lugar especial en su vida, y en el hogar. No maltrates a los hijos de tu pareja, pero tampoco permitas que te maltraten por ellos. Simplemente enséñale a tu pareja a ser responsable, con los compromisos que ya tenía, pero también con el compromiso, que ha adquirido contigo. Tu no dejas de valer por no ser la madre de ellos, y ellos no dejan de valer, por no ser tus hijos, simplemente tu tienes tu lugar y ellos tienen el lugar de ellos, y el papel de tu cónyuge es darle a cada quien el lugar que le corresponde.

Si las cosas no funcionan, es probable de que tu conyuge deba revisarse acerca de si ha sabido, confrontar la situación, y ha asumido correctamente su papel, ya que el principal responsable, de que ambos bandos estén unidos y convivan en un mismo techo, es por su propia responsabilidad. El es quien termino la relación con la verdadera madre de sus hijos, y el fue quien decidió, tomar para si una nueva pareja, y fue quien decidió unir a sus hijos con esta nueva pareja, por lo tanto debe aprender a ser responsable por sus acciones, y decisiones, y debe trabajar por garantizarle estabilidad emocional a ambos bandos, sus hijos y a la pareja que escogió para convivir. Y debe garantizarle a la nueva pareja, que la antigua pareja, no entorpezca su relación, usando como excusa a sus hijos, como conducta manipulativa.