24 enero, 2009

Sarampión contra cáncer de próstata

Ciertos tipos de virus derivados de la vacuna de sarampión podrían ser un tratamiento efectivo para pacientes con cáncer de próstata en estado avanzado.

Vacuna de sarampión
El tratamiento utiliza virus derivados de la vacuna de sarampión.
Esa es la afirmación de un nuevo estudio -publicado en la revista The Prostate- llevado a cabo por investigadores en Estados Unidos.

Según los científicos, este tipo de tratamiento -llamado viroterapia- puede efectivamente infectar, replicar y matar a las células de próstata cancerosas.

El estudio, llevado a cabo con ratones, encontró que aquellos que fueron tratados con una cepa del virus de la vacuna de sarampión, llamada MV-CEA, lograron en promedio sobrevivir el doble de tiempo que los que no recibieron el tratamiento.

Además, afirman los investigadores, se observó una total regresión del tumor en 20% de los animales tratados.

"Basados en nuestros resultados preliminares y en la seguridad de los derivados de sarampión utilizados, estas cepas virales podrían representar excelentes candidatos para pruebas clínicas contra cáncer de próstata avanzado" afirma la doctora Evanthia Galanis, de la Clínica Mayo.

Tal como explica la investigadora, "las cepas oncolíticas de virus de sarampión utilizadas representan una novedosa clase de agentes terapéuticos contra el cáncer ya que no se observó una resistencia con otros tratamientos actuales".

Es por eso, agrega, que esta terapia puede combinarse con métodos convencionales de terapia contra el cáncer, como quimioterapia y radioterapia.

Viroterapia

Estas cepas virales podrían representar excelentes candidatos para pruebas clínicas contra cáncer de próstata avanzado
Dra. Evanthia Galanis
Sabemos que los virus infectan y pueden matar, pero hace décadas los científicos descubrieron que estos microorganismos también pueden ser una poderosa arma terapéutica.

Particularmente como tratamiento contra el cáncer.

La viroterapia oncolítica fue descubierta a principios de siglo XX cuando investigadores comenzaron a observar que algunos pacientes con cáncer que contraían ciertas infecciones virales lograban curarse.

Se observó que ciertos virus, los llamados virus oncolíticos, eran capaces de infectar y replicarse selectivamente en el interior de una célula cancerosa provocando su destrucción.

En los últimos años, con el avance de la genética, ha habido un resurgimiento de la viroterapia como tratamiento dirigido contra el cáncer.

En particular contra el cáncer de próstata, ya que los tumores primarios de esta enfermedad son fácilmente accesibles y el virus puede ser aplicado directamente en el tumor por medio de inyecciones guiadas con ultrasonido.

Seguras

Tal como explican los autores, también se ha demostrado que las cepas derivadas de la vacuna de sarampión son muy seguras.

Célula cancerosa de próstata
El cáncer de próstata es una de las principales causas de muerte en hombres.
Y esto ha quedado demostrado tras 40 años de utilizarlas en millones de dosis alrededor del mundo.

El nuevo tratamiento con la cepa MV-CEA, que ya ha sido probado en pacientes con otro tipo de tumores, no ha mostrado hasta ahora efectos secundarios o de toxicidad importantes, dice el estudio.

Los investigadores planean ahora iniciar los preparativos para utilizar estas cepas de sarampión en ensayos clínicos con pacientes en estados avanzados de cáncer de próstata.

Esta enfermedad es una de las principales causas de muerte entre hombres en el mundo occidental.

La enfermedad ocurre más frecuentemente en hombres mayores de 50 años, y en muchos países, es la segunda causa de muerte por cáncer.

Este tipo de cáncer es a menudo difícil de diagnosticar ya que muchos hombres nunca muestran síntomas y por lo tanto no son sometidos a terapia.

Y aunque tanto la herencia como la dieta y la obesidad se mencionan como posibles causas, todavía se conoce muy poco sobre esta enfermedad y por lo tanto sobre los factores que pueden prevenirla.

California prohibe "grasas trans"

Redacción BBC Mundo

Rosquillas
Los ácidos transgrasos no cambian el sabor de las comidas, pero son muy dañinos para el organismo.
California se convirtió en el primer estado de Estados Unidos en prohibir a los restaurantes el uso de grasas artificiales en la elaboración de alimentos.

El gobernador, Arnold Schwarzenegger, dijo que esta nueva ley representa "un paso importante hacia un futuro más saludable".

Este tipo de grasas se fabrican alterando químicamente a los aceites vegetales, resultando en un compuesto que da a cualquier tipo de alimento que las contiene mucho más tiempo de vida.

Los fabricantes de comida lo han venido haciendo por años, por lo que las "grasas trans" se encuentran en una multitud de productos, desde una gran variedad de comidas procesadas hasta mezclas para preparar tortas, o incluso en bebidas como el chocolate caliente.

Pero como explica el corresponsal de la BBC en Los Ángeles, Rajesh Mirchandani, los expertos señalan que este tipo de ácidos transgrasos han sido vinculados a enfermedades coronarias y la diabetes.

La medida refleja "el grado de preocupación por la gran cantidad de casos de obesidad que existen en California", afirma el periodista.

Baratas pero dañinas

Algunas ciudades estadounidenses, como Nueva York, Philadelphia y Seattle, ya habían prohibido su uso. Pero California es el primer estado en hacerlo.

Hamburguesa
Muchas cadenas de comida rápida han empezado a buscar alternativas.
Quienes violen la nueva normativa californiana podrían recibir multas de hasta US$1.000.

Muchos fabricantes de alimentos y cadenas de restaurantes ya han empezado a experimentar con reemplazos de aceites y comidas que contienen estas grasas artificiales.

Las "grasas trans" son producidas mediante un proceso conocido como "hidrogenación", que convierte el aceite líquido en grasa sólida.

Su uso es muy extendido pues son baratas, agregan volumen al producto, tienen un sabor neutral y alargan la vida de los alimentos.

Sin embargo, no tienen valor nutricional alguno y son consideradas responsables de disparar los niveles de colesterol "malo" a quienes las consumen asiduamente.

El gen que nos hace sentir llenos

BBC Ciencia

Por lo general podemos sentir cuando estamos satisfechos después de haber comido lo suficiente.

Niño comiendo
Los niños que tienen la variante de riesgo del gen FTO no se sienten saciados.
Sin embargo una nueva investigación afirma que no todas las personas pueden reconocer esa sensación de saciedad.

El responsable es un gen -el primero que ha sido claramente vinculado a la obesidad- que al parecer evita que quienes lo tienen puedan sentirse satisfechos.

En el estudio, llevado a cabo por la Universidad de Londres y el Instituto de Psiquiatría del King´s College de la capital británica, participaron más de 3.000 niños.

Los científicos -que publicaron los resultados de la investigación en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism (Revista de Endocrinología Clínica y Metabolismo) intentaban estudiar el impacto del gen FTO sobre la capacidad de de quemar calorías y sobre el apetito.

"Nuestro estudio mostró que los niños que tenían copias de una variante del gen eran menos sensibles a las señales de saciedad que produce el organismo", le explicó a la BBC la profesora Jane Wardle, quien dirigió la investigación.

"Por ejemplo, podían seguir comiendo aún después de haber consumido alimentos que para otros habían sido suficientes".

Tres kilos más

El FTO (las siglas en inglés de gen asociado a la masa de grasa y la obesidad) fue identificado el año pasado casi por accidente en un estudio de ADN en el que participaron 37.000 europeos.

Medida corporal
El estudio podría explica porqué es más difícil para unas personas bajar de peso.

Se descubrió que las poblaciones caucásicas que presentan dos copias de una variante de este gen son un 70% más propensas a ser obesas durante la infancia ola edad adulta que las que no tienen ninguna variante.

En promedio, las personas con estas dos variantes son 3 kilos más pesadas que las que no lo tienen.

El objetivo del nuevo estudio era entender con más profundidad la forma en la que funciona este gen.

Los investigadores llevaron a cabo pruebas en los niños de 8 a 11 años que portaban la variación de alto riesgo para ver si tenían alguna alteración en el apetito.

Se les midió la altura, peso y circunferencia de la cintura y le les pidió a los padres que llenaran un cuestionario sobre los hábitos alimenticios de los niños.

Encontraron que los niños con la variante del gen tendían a comer demasiado y les constaba mucho trabajo reconocer que se sentían saciados.

Según los investigadores, el efecto del gen en el apetito es el mismo cualquiera que sea la edad, el género, los antecedentes socioeconómicos y el índice de masa corporal.

"Más susceptibles"

"No se trata simplemente de que la gente que tiene la variante de riesgo de este gen automáticamente se vuelva obesa", afirma la profesora Wardle.

Dos hamburguesas
Actualmente todos nos vemos expuestos a porciones grandes de comida.

"Pero estas personas sí son más susceptibles a comer demasiado, aun cuando están llenas".

"Esto -según la investigadora- los hace mucho más vulnerables al medio ambiente moderno en el cual todos nos vemos expuestos a porciones grandes de comida y oportunidades ilimitadas para comer".

Esto podría explicar porqué es más difícil para unas personas que para otras bajar de peso y mantenerse así.

Los investigadores también descubrieron, sin embargo, que por sí solo, los efectos del gen eran relativamente pequeños.

Por lo cual lo más probable es que haya varios genes que contribuyan a la obesidad y al apetito, y cada uno sea responsable de una pequeña contribución que, en conjunto, tenga un efecto importante.

Esto significa que el haber identificado el efecto de este gen no quiere decir que se haya encontrado la cura para la obesidad.

Todavía faltan muchas más investigaciones para encontrar todas las piezas de lo que, según los especialistas, es el gran rompecabezas de la obesidad.

El gen que nos hace comer en exceso

Redacción BBC Mundo

Niño obeso
Los niños que tienen una variante específica del gen FTO ingieren unas 100 calorías más por comida.

Investigadores británicos descubrieron nuevas evidencias que demuestran que tener una variante de un gen específico puede aumentar el riesgo de comer en exceso y de padecer obesidad.

Un equipo del University College de Londres (UCL, por sus siglas en inglés) descubrió que los niños que tienen una copia de una de las dos variantes del gen FTO relacionadas con la obesidad son más propensos a seguir comiendo después de haber consumido alimentos que para otros habrían sido suficientes.

El estudio apareció publicado en el International Journal of Obesity (Revista Internacional de Obesidad).

Los investigadores aseguran que comprender mejor el papel que juegan determinados genes en la obesidad podría ayudar a desarrollar nuevas terapias para minimizar su impacto.

Según recuerda Maria Elena Navas, especialista en ciencia de BBC Mundo, el FTO fue identificado en 2007 casi por accidente en un estudio sobre el ADN en el que participaron 37.000 europeos.

Entonces se calculó que los individuos que tienen una copia de una de las dos variantes clave de este gen cuentan aproximadamente con un 30% más de posibilidades de ser obesos y los que tienen las dos variantes tienen un 70% más de riesgo de sufrir ese trastorno.

Otro estudio previo descubrió que los niños que tienen una variante específica de ese gen ingieren unas 100 calorías más por comida.

También son más propensos a comer alimentos con más azúcar y grasa.

En cualquier caso, otra investigación halló que la actividad física podía contrarrestar los efectos de tener ese gen.

Saciedad

Comida de hamburguesería
Una cuarta parte de los casos de cáncer estarían relacionados con dietas poco saludables.

En el estudio llevado a cabo por la UCL se ofreció a 131 niños de entre 4 y 5 años de edad un plato mixto de galletas dulces y saladas una hora después de haber finalizado una comida completa.

Aquellos que contaban con una de las variantes del gen FTO fueron más propensos a comer del plato, pese a que deberían de haberse sentido saciados.

Según la jefa de la investigación, la doctora Jane Wardle, "este estudio en parte explica porqué algunos niños responden a las señales de su organismo que les animan a seguir comiendo cuando están llenos".

"Saber como funcionan los genes es un primer paso para minimizar sus efectos negativos", señaló Wardle.

Según la investigadora, "un capricho ocasional no hace daño, aunque este estudio demuestra que algunos niños no saben cuando parar de comer, lo que les puede llevar a padecer obesidad y otros problemas de salud".

"Se debe ayudar a los niños con versiones de riesgo de este gen y sus padres deben evitar las tentaciones en casa".

Riesgo de cáncer

La obesidad está ligada a toda una serie de problemas de salud, incluidas las enfermedades coronarias, la diabetes y el cáncer.

Se calcula que una cuarta parte de los casos de cáncer están relacionados con dietas poco saludables y con la obesidad.

Hay que recordar que no todos los niños con genes de alto riesgo comen en exceso. Otros factores, como los hábitos alimentarios de los padres o el tipo de comida a su alcance, también son importantes
Sara Hiom, Cancer Research UK

Según Sara Hiom, de la organización Cancer Research UK, "hay que recordar que no todos los niños con estos genes de alto riesgo comen en exceso".

"Otros factores, como los hábitos alimentarios de los padres o el tipo de comida a su alcance, también son importantes", señaló la especialista.

Hiom urgió a los padres a que den tentempiés saludables a sus hijos, como zanahorias en vez de galletas de chocolate, y a animar a los niños a dejar de comer cuando están llenos.

Según el doctor Ian Campbell, de la organización británica Weight Concern (Preocupación por el Peso), "es arriesgado pensar que un día habrá un test disponible para identificar este gen. Es poco probable".

"Esta investigación es importante porque ofrece una mejor comprensión de los factores que se encuentran detrás de la obesidad", señaló Campbell.

Según el especialista, "los que tienen a un niño a su cargo tienen que ser conscientes de los riesgos de una dieta excesiva y del sedentarismo, y deben animar al niño a llevar un estilo de vida saludable".